La clínica dental y el aspecto estético

La clínica dental y el aspecto estético

Hay cada vez más personas que no quedan completamente satisfechas después de terminar un tratamiento dental largo. Aunque el tratamiento de ortodoncia haya funcionado a la perfección, en muchos casos el resultado no termina de ser el esperado por el paciente. Esa sensación que podría parecer caprichosa tiene en realidad una explicación bastante concreta y es que, si bien los dientes cambiaron, todo lo que los rodea permanece igual.

Esta dificultad ha llevado a que la odontología empiece a interesarse en un ámbito que antes era exclusivo de la medicina estética. Poco a poco, la salud bucodental ha ido comprendiendo que, cuando una intervención de ortodoncia modifica la posición de los dientes, también va a cambiar la forma en que los labios descansan sobre ellos; o que, si un blanqueamiento dental aclara varios tonos, puede hacer que los labios parezcan más apagados por el contraste; o si una rehabilitación completa reconstruye el tercio inferior de la cara, las proporciones de ese tercio van a cambiar.

 

Una especialidad con historia reciente

Desde hace décadas que la odontología general está incorporando la estética como parte importante de los tratamientos. Su trayectoria es similar a la de la cirugía plástica, ya que se trata de una especialidad que en sus inicios fue vista con escepticismo y que fue ganando legitimidad a medida que se comenzó a documentar el impacto de los defectos físicos en el bienestar psicológico. Hoy en día, gracias a las herramientas y técnicas modernas, se logran resultados que combinan lo funcional y lo estético de forma tan natural que cuentan con una amplia aceptación entre los profesionales.

Según datos recogidos por La República, en 2023 se realizaron en España más de 871.000 tratamientos de odontología estética, lo que representa el 40% del total de las intervenciones dentales. Blanqueamientos, carillas y ortodoncia invisible encabezan la lista, pero el dato más relevante no es qué tratamientos se hacen, sino que cuatro de cada diez intervenciones tienen un componente estético explícito. Hace veinte años esa proporción habría sido impensable, y el cambio no responde a una moda sino a la evidencia acumulada de que el aspecto de la boca afecta a la autoestima, a la forma en que las personas se relacionan y, en algunos casos, a oportunidades laborales y sociales concretas.

 

El rostro como unidad

Lo que ha cambiado en profundidad no son solo las técnicas sino la forma de entender el problema. Durante décadas, la odontología trabajó sobre los dientes como si fueran independientes del resto de la cara. Hoy cada vez más profesionales trabajan desde la premisa contraria: que la sonrisa solo tiene sentido dentro del rostro que la contiene, y que modificar una parte sin considerar el conjunto puede producir resultados técnicamente correctos, pero visualmente incompletos.

Ese cambio de enfoque ha abierto la puerta a tratamientos que hasta hace poco no existían, como los que utilizan ácido hialurónico aplicado en la zona perioral. No se trata de alterar rasgos ni de transformar el aspecto general, sino de realizar ajustes finos, como corregir una asimetría labial que la ortodoncia puso en evidencia, añadir un poco de volumen a unos labios que parecen más finos después de un blanqueamiento o mejorar la proporción entre labio y encía en una sonrisa gingival.

Desde Clínica Dental Cubero explican que el ácido hialurónico es una sustancia producida de forma natural por el organismo y por lo que se considera una opción segura para este tipo de intervenciones. Sus efectos son reversibles y su duración puede ir desde los tres meses hasta superar el año, lo que permite ajustar en futuras sesiones si el tratamiento dental también evoluciona. Últimamente la demanda de este tipo de tratamientos complementarios ha crecido entre los pacientes que han completado un tratamiento de ortodoncia o carillas y buscan un mejor resultado en su imagen.

 

Dónde está el límite

El crecimiento del mercado de la medicina estética en España, que según Businesscoot superó los 4.000 millones de euros en 2022 con un aumento del 22,8% en los productos inyectables, también ha alcanzado a las clínicas dentales. Y eso plantea una pregunta que conviene plantearse: ¿tienen los dentistas la formación y el marco legal adecuados para ofrecer estos tratamientos?

La respuesta no es sencilla, ya que en un sentido la normativa española permite a los dentistas realizar tratamientos de ácido hialurónico en la zona perioral e intraoral, que es precisamente el área que corresponde a la armonización orofacial. Los odontólogos conocen con detalle la anatomía del tercio inferior del rostro, trabajan con precisión milimétrica sobre tejidos muy próximos a los que se usan en estos tratamientos y sus clínicas cuentan con instalaciones preparadas para procedimientos clínicos. Sin embargo, se debe tener en cuenta que el límite está en los tratamientos faciales que van más allá de ese tercio y los profesionales deben respetarlo, ya que no es parte de su campo de trabajo. Los problemas aparecen cuando se cruza ese límite, por ello el paciente tiene que poder distinguir entre una clínica que trabaja dentro de su ámbito y una que se extiende más allá de lo que le corresponde.

 

Lo que pide el paciente de hoy

Hoy en día, quienes acuden a una clínica dental no acuden únicamente para resolver un problema funcional, sino que muchas veces van con una idea clara sobre cómo quieren verse, y esa imagen suele incluir algo más que unos dientes sanos y bien alineados. Se trata de una preocupación que las clínicas deben saber responder, ya que el tratamiento bucal va a tener consecuencias en la percepción general del rostro y estas también merecen atención. Para lograrlo, las clínicas deben trabajar con una perspectiva más amplia y brindar respuestas con criterio clínico, dentro de los límites que corresponden a cada disciplina y con resultados que sean acordes al trabajo general.

Si cuando el tratamiento dental termina, el resultado general no es el esperado, es lógico que un paciente no esté satisfecho, aunque técnicamente todo haya salido bien. El tratamiento debe darse por finalizado cuando el paciente se ve bien, no solo cuando los dientes están bien. Si bien estas son dos cosas distintas, cada vez más profesionales deciden volverlas parte del mismo trabajo.

 

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