La comida Coreana

jyleen21-alum-749358_1920 (1)

En los últimos años, el mundo entero ha vuelto la mirada hacia Corea del Sur. A través de la música, las series de televisión y el cine, este rincón del planeta ha conquistado a millones de personas. Sin embargo, hay un elemento que ha entrado con una fuerza arrolladora en el día a día de nuestras ciudades y que va mucho más allá de las pantallas: su cocina. Cada vez es más común ver establecimientos donde la gente se reúne alrededor de una parrilla incrustada en la mesa o pedir platos servidos en cuencos de piedra que llegan a la mesa echando humo. La gastronomía coreana ha dejado de ser una completa desconocida para convertirse en una de las tendencias gastronómicas más populares de la actualidad.

A pesar de esta enorme popularidad, para muchas personas de a pie, sentarse por primera vez ante una carta llena de nombres desconocidos puede generar un mar de dudas. ¿Pica todo tanto como dicen? ¿Qué son todos esos platillos pequeños que los camareros colocan alrededor del cuenco principal antes de empezar a comer? La respuesta a estas preguntas nos descubre un universo de sabores, aromas y texturas fascinante. La comida de este país asiático no se limita a alimentar el estómago; es una filosofía milenaria que busca el equilibrio entre la salud y el placer, combinando ingredientes frescos, fermentados sabrosos y una forma de compartir la mesa que engancha desde el primer bocado.

Los pilares de la mesa: la armonía de los sabores y la cultura de compartir

Para comprender por qué la comida en este país sabe tan diferente a la que estamos acostumbrados en Occidente, es necesario entender su idea principal sobre la nutrición. Desde tiempos remotos, la cocina de esta nación se apoya en la teoría de los cinco colores tradicionales: el blanco, el negro, el verde, el rojo y el amarillo. Según esta creencia, un plato o un menú completo debe incluir alimentos de estas cinco tonalidades porque cada uno de ellos cuida de un órgano diferente del cuerpo y aporta un equilibrio único a la salud. Más allá de la superstición o la belleza visual, esto se traduce en una realidad muy práctica: sus platos son siempre variados, llenos de verduras frescas, carnes magras, legumbres y condimentos que hacen que la digestión sea ligera y muy nutritiva.

Otro aspecto fundamental que llama la atención de cualquiera que pisa un establecimiento tradicional es el concepto de la mesa compartida. En la cultura occidental estamos acostumbrados a que cada comensal pida su propio plato cerrado y coma de forma individual. En la península coreana, la hora de la comida es un acto colectivo de unión familiar o de amistad. La mayoría de los platos principales se colocan en el centro para que todo el mundo meta el cucharon o los palillos, creando un ambiente festivo donde se charla, se sirve al vecino y se prueba un poco de todo.

El misterio de los acompañamientos y el recipiente de arroz

Nada más tomar asiento en un restaurante de esta especialidad, ocurrirá algo que suele sorprender a quienes van por primera vez: antes incluso de que pidas la bebida o el plato fuerte, la mesa se llenará de pequeños platillos de cerámica con porciones reducidas de verduras, brotes, algas o tofu. Este conjunto de guarniciones gratuitas recibe el nombre de banchan. No son simples aperitivos para matar el hambre mientras esperas la cocina; son parte indispensable del menú. La idea es que vayas combinando bocados de estos acompañamientos con el plato principal y, sobre todo, con el arroz blanco hervido que nunca falta en la mesa.

El cuenco de arroz es el verdadero centro de la alimentación en esta región del mundo. Mientras que nosotros usamos el pan para acompañar la salsa, allí el arroz neutro sirve para limpiar el paladar entre sabor y sabor, rebajar el toque picante de algunas salsas y aportar la energía necesaria para afrontar la jornada. Lo fascinante del banchan es que en la mayoría de los locales puedes pedir que te rellenen los platillos todas las veces que quieras sin coste alguno, lo que garantiza salir siempre con la tripa llena y habiendo probado un abanico enorme de texturas crujientes, ácidas y saladas.

El arte de los fermentados y las salsas madre

Si tuviéramos que elegir el verdadero secreto que le da ese sabor tan profundo, sabroso y único a sus recetas, la respuesta estaría sin duda en las salsas y en los procesos de conservación mediante fermentación. Antiguamente, los inviernos en la península eran extremadamente fríos y secos, lo que impedía cultivar frutas o verduras durante varios meses. Para no morir de hambre durante la época del hielo, las familias idearon métodos ingeniosos para conservar los alimentos en grandes vasijas de barro enterradas bajo la tierra.

De esa necesidad histórica nacieron las tres salsas madre de su gastronomía, elaboradas principalmente a base de soja fermentada y pimiento rojo. Estas pastas espesas aportan lo que los expertos llaman un sabor sabroso e intenso que llena la boca. Una de ellas es la pasta de soja fermentada, muy similar en origen pero más potente que la famosa sopa japonesa; otra es la pasta de pimienta roja picante, dulce y ahumada; y la tercera es la salsa de soja tradicional. Estas tres elaboraciones son la base sobre la que se construyen los guisos, los adobos de las carnes y los aliños de las ensaladas, logrando que un sencillo caldo de verduras adquiera una fuerza de sabor extraordinaria.

Las estrellas de la carta: los platos más populares que debes probar

Cuando abrimos la carta de un local especializado por primera vez, la abundancia de nombres desconocidos puede hacernos dudar sobre qué pedir. Para facilitarte la elección y asegurar que tu experiencia sea todo un éxito desde el primer minuto, hemos seleccionado las recetas más queridas, sabrosas y fáciles de disfrutar para el paladar occidental. Son preparaciones que representan lo mejor de esta cocina y que gustarán tanto a los amantes de los sabores fuertes como a quienes prefieren opciones suaves y reconfortantes.

No hace falta ser un experto en gastronomía oriental para apreciar la calidad de estos preparados. Cada uno de ellos cuenta una historia de tradición y adaptación, utilizando ingredientes sencillos de la huerta y del mercado para lograr combinaciones de texto y temperatura inolvidables.

El plato nacional: la magia del kimchi

Es imposible hablar de esta cultura sin dedicar un espacio de honor al kimchi. Más que una simple comida, esta preparación de col china fermentada con ajo, jengibre, salsa de pescado y chile en polvo es un auténtico símbolo de identidad nacional, reconocido incluso por la UNESCO como patrimonio cultural de la humanidad. Cada familia tiene su propia receta secreta transmitida de generación en generación, y se calcula que la población consume toneladas de este producto al año, tomándolo en el desayuno, el almuerzo y la cena.

Al probarlo por primera vez, su sabor sorprende por la mezcla de frescura crujiente, un toque ácido muy peculiar fruto de la fermentación saludable y un picor reconfortante que calienta la garganta. Además de estar delicioso cuando te acostumbras a su intensidad, los científicos han demostrado que es uno de los alimentos más sanos del planeta. Está repleto de vitaminas y de bacterias beneficiosas para el estómago que cuidan de nuestra digestión y refuerzan nuestras defensas naturales frente a las enfermedades.

Mezcla de colores en un cuenco caliente: el bibimbap

Si buscas una opción completa, sana, bonita a la vista y sin complicaciones de picante, el bibimbap es la elección perfecta. Su nombre significa literalmente «arroz mezclado», y la presentación es todo un espectáculo. Te sirven un gran cuenco (en muchas ocasiones de piedra volcánica que mantiene el calor a altas temperaturas) con una base de arroz blanco sobre la que colocan de forma muy ordenada porciones de verduras variadas (espinacas, zanahoria, brotes de soja, setas), tiras de carne ternera salteada y un huevo en el centro.

La forma correcta de comerlo no es ir probando cada ingrediente por separado. El secreto está en añadir un poco de salsa de la casa y usar la cuchara para remover todo con energía hasta que el huevo, las verduras, la carne y el arroz se fundan en un único bocado cremoso. Si pides la versión que viene en cuenco de piedra caliente, notarás además cómo el arroz del fondo se queda pegado y crujiente debido al calor, aportando un toque tostado maravilloso que encanta a todo el mundo.

La barbacoa en la mesa: tiras de carne a la parrilla

Tal y como explica el restaurante coreano Hana, sin lugar a dudas, la experiencia más divertida y social que se puede vivir en uno de estos restaurantes es la barbacoa. En estos locales, las mesas tienen instalada en el centro una pequeña parrilla de carbón o eléctrica con una campana extractora sobre ella. El camarero trae a la mesa platos con tiras finas de carne fresca de cerdo o ternera (algunas veces al natural y otras veces marinadas en salsas dulces de soja, fruta y sésamo) y son los propios clientes quienes van cocinando las piezas a su gusto sobre el fuego.

La forma de comer esta carne tiene su propio ritual tradicional. No se toma directamente con el tenedor; la costumbre marca tomar una hoja grande de lechuga fresca en la mano, colocar encima una tira de carne bien tostada, añadir un trozo de ajo, un poco de pasta de soja y envolverlo todo formando un pequeño paquete o paquete cerrado que se mete entero de un solo bocado en la boca. La mezcla de la carne caliente y jugosa con la frescura crujiente de la lechuga es una auténtica explosión de sabor que nadie debería perderse.

Delicias callejeras y sopas que abrazan el alma: comida rápida y cocina de hogar

Aunque los restaurantes formales y las barbacoas ocupan un lugar destacado, la verdadera vida de este país se respira en sus mercados nocturnos y en los puestos de comida callejera que iluminan las aceras al ponerse el sol. Allí, trabajadores que salen de la oficina, estudiantes y familias se agolpan alrededor de los mostradores humeantes para disfrutar de bocados rápidos, económicos y repletos de sabor. Al mismo tiempo, en el calor de los hogares, los guisos lentos y las sopas calientes son la verdadera medicina diaria para combatir el cansancio y el frío del invierno.

Esta vertiente más popular de su gastronomía demuestra que no hace falta gastar grandes sumas de dinero para comer deliciosamente bien. Con ingredientes humildes como la harina de arroz, las masas fritas, los caldos de pescado o los brotes vegetales, se consiguen recetas reconfortantes que se quedan grabadas en la memoria de cualquiera que las prueba.

Masas crujientes y aperitivos de mercado

Pasear por un mercado tradicional de este país es un regalo para los sentidos. Uno de los aromas más tentadores que te acompañarán durante el viaje procede de las planchas donde se cocinan los pajeon, una especie de crepes salados o tortillas crujientes hechas a base de una masa ligera con huevo, abundante cebolleta verde y mariscos o verduras. Se sirven recién hechas, troceadas en cuadrados y acompañadas de una salsa ligera de soja con sésamo para mojar antes de cada bocado.

Otro bocado callejero enormemente popular entre la juventud son las barras de pastel de arroz blando cocinadas en una salsa roja especiada, dulce y picante conocida como tteokbokki. Este plato destaca por su textura elástica y chicleosa tan característica de la repostería y cocina oriental. Aunque al principio su consistencia blanda pueda resultar extraña para un paladar occidental, la mezcla del dulzor de la salsa con el toque picante resulta adictiva desde la primera cucharada.

Las sopas calientes que restauran la energía

Para la mentalidad local, una comida sin una sopa o un caldo caliente está incompleta. A diferencia de nuestras sopas tradicionales que se toman como primer plato antes del segundo, allí los caldos se sirven al mismo tiempo que el resto de la comida y se van alternando con el arroz durante todo el almuerzo.

Entre los guisos más queridos por la gente de a pie encontramos:

  • Guisos pesados de kimchi: Sopas potentes y picantes hechas con el fermentado tradicional de col, carne de cerdo blanda y dados de tofu blanco.
  • Caldos suaves de pollo entero: Una sopa ligera donde se cocina un pollo pequeño relleno de arroz glutinoso, ajo y raíz de ginseng, perfecta para recuperar fuerzas tras un resfriado.
  • Sopas de pasta de soja con verduras: Caldos salados y muy aromáticos repletos de calabacín, setas y patata que recuerdan a los guisos caseros de la abuela.

Dulces, bebidas y la etiqueta en la mesa: detalles para disfrutar como un experto

Para completar un viaje gastronómico de primer nivel, no podemos olvidarnos de la parte dulce y, muy especialmente, de las normas de educación que rigen alrededor de la mesa. En este rincón de Asia, los postres tradicionales no suelen ser empalagosos ni llevar cantidades enormes de azúcar o nata como estamos acostumbrados en Europa. La repostería se apoya en ingredientes naturales como la harina de arroz, las alubias rojas dulces, el sésamo y la fruta de temporada.

Asimismo, la bebida juega un papel fundamental a la hora de acompañar las comidas. La bebida nacional indiscutible es un destilado transparente y suave hecho a base de arroz o patata llamado soju. Se sirve en vasos pequeños de cristal y se toma bien frío durante las barbacoas o las cenas de amigos. Si prefieres opciones sin alcohol, la variedad de tés helados o calientes elaborados con cebada tostada, jengibre, miel o cítricos es infinita, aportando una sensación digestiva refrescante perfecta para terminar el banquete.

Normas de educación sencillas para quedar de diez

Aunque los habitantes de este país son sumamente amables y perdonan con una sonrisa cualquier despiste de los turistas extranjeros, conocer un par de reglas básicas de comportamiento en la mesa te hará quedar como una persona educada y respetuosa con su cultura. Son gestos muy sencillos de recordar que transformarán tu cena en una experiencia auténtica.

Tres detalles clave de educación para tu próxima visita:

  • Las dos manos para servir: Cuando vayas a servir agua, cerveza o cualquier bebida a otra persona, nunca utilices una sola mano. Debes sostener la botella con la mano derecha mientras apoyas suavemente tu mano izquierda en el antebrazo o codo derecho. Este gesto demuestra respeto y atención sincera hacia el vecino de mesa.
  • El respeto a los mayores: Si en la mesa hay personas de mayor edad o autoridad, la tradición marca que nadie debe empezar a comer ni a beber antes de que lo haga la persona más mayor del grupo. Además, al beber delante de una persona mayor, la norma de cortesía invita a girar ligeramente el cuerpo hacia un lado para no beber de frente.
  • El uso de los cubiertos: A diferencia de otros países vecinos como China o Japón donde se usan palillos de madera o bambú, aquí los palillos son siempre planos y de metal. Además, la sopa y el arroz se toman siempre con una cuchara de mango largo. Una regla de oro es no levantar nunca el cuenco de arroz o de sopa en el aire para acercárselo a la boca; los cuencos deben permanecer siempre apoyados sobre la mesa.

Mas articulos

Scroll al inicio